Espíritu Santo

Cuando la Presencia de Dios nos Visita

La visitación divina, un tiempo especial donde Dios interviene directamente en nuestras vidas, es un acto de gracia y misericordia. Según el griego, «visitar» implica un movimiento divino hacia nosotros, un paso activo de Dios para acercarse, inspeccionar y transformar.

El río de la visitación divina fluye en dos direcciones: trae gracia y juicio. La gracia refleja el deseo de Dios de bendecir y revelarse, mientras que el juicio muestra Su compromiso con la justicia y la corrección.

La visitación de Dios es un regalo de Su gracia y misericordia, pero a menudo es precedida por el clamor y la búsqueda humanos. La humildad, como se describe en el salmo 8:4, atrae la atención de Dios, mientras que la arrogancia la aleja.

Evidencias Históricas de Visitación

  • Ana y Sara: En la Biblia, la visitación de Dios resultó en bendiciones tangibles y milagros, como los hijos nacidos de Ana y Sara, mostrando que las visitaciones divinas a menudo conducen a una transformación visible.
  • Cautiverio y Liberación: Las historias de cautiverio y liberación, como en Jeremías y Sofonías, resaltan que las visitaciones pueden ser tanto de corrección como de redención.
  • Visitación a través del Mesías: La llegada de Jesús fue la máxima visitación, buscando transformar el lamento en alegría y restablecer la relación entre Dios y la humanidad.

Las Consecuencias de Ignorar la Visitación

No reconocer el tiempo de visitación de Dios, como muestra Lucas 19:41-44, puede tener consecuencias devastadoras, llevando a la vulnerabilidad frente a enemigos espirituales y físicos.

Señales de una Visitación Inminente

La visitación divina puede ser anticipada o reconocida a través de:

  • Levantarse en la madrugada sin razón aparente.
  • Tener sueños significativos o repetitivos.
  • Sentir un fuerte deseo de participar en la vida de la iglesia.
  • Experimentar dificultades en lo material, como un preludio a un despertar espiritual.

Respuestas Apropiadas a la Visitación

Para acoger adecuadamente la visitación de Dios, debemos:

  • Mantener un deseo ardiente de congregarse y participar en la oración comunitaria.
  • Recordar y meditar en la palabra de Dios.
  • Tratar la Santa Cena con profundo respeto y reverencia.

William Velázquez Valenzuela

Amante de la escritura, la educación, la tecnología y su impacto positivo para extender el reino de Dios. Un poco de locutor y otro poco de teólogo.

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