Espíritu Santo

Sumergidos en el Río de Dios

Profundizando en la Presencia

Ezequiel 47:1 nos muestra un río que fluye desde el umbral del templo, una representación viva de la presencia de Dios. Al igual que el agua que comienza en los tobillos y llega hasta la cabeza, nuestro caminar espiritual debe ir en constante profundización. No basta con asistir y participar pasivamente; estamos llamados a sumergirnos, a ser transformados por la corriente de su Espíritu.

De espectadores a participantes

Como en Salmo 1:2, donde se habla del deleite en la ley del Señor, así nosotros debemos encontrar gozo en sumergirnos más en las aguas de su Palabra y presencia. No nos quedemos en la orilla, en los servicios dominicales como meros espectadores, sino avancemos a aguas más profundas, comprometiéndonos más con nuestra comunidad de fe y con Dios mismo.

Compromiso Total

Romanos 12:1 nos exhorta a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, lo que significa un compromiso total con el Señor. Sumergidos hasta la cabeza, vivimos no por nuestra propia voluntad, sino por la corriente del río de Dios. Este nivel de entrega transforma nuestra manera de ver a los demás y a nosotros mismos, impulsándonos hacia un amor y una gracia que trascienden la superficialidad.

Permanencia en la Presencia

Incluso en los momentos de sequía espiritual, Juan 7:38 nos recuerda que de nuestro interior correrán ríos de agua viva. No vivamos de los recuerdos de momentos pasados en la presencia de Dios; busquemos una constante renovación y un encuentro fresco con Él cada día.

El Río al Final de Todo

Y así, al final de nuestra travesía espiritual, encontramos que el río que brotaba del templo en Apocalipsis 22:1 sigue fluyendo, inagotable y purificador. La presencia de Dios, que comenzó nuestro viaje, también lo completará. Recordemos que nuestra alma anhela más que éxito y logros; anhela el río de vida que solo Dios puede dar.

El Espíritu: Nuestro Impulso Vital

Finalmente, como un barco sin agua, nuestra vida sin el Espíritu Santo carece de dirección y propósito. Pero cuando bebemos del agua viva que Cristo ofrece, como en Juan 4:14, nunca tendremos sed. Cada nuevo día trae una frescura que solo se puede encontrar en Él, satisfaciendo el vacío que el mundo no puede llenar.

Que este devocional sirva de inspiración para profundizar tu relación con Dios, encontrar tu propósito y vivir una vida de compromiso y transformación espiritual.

William Velázquez Valenzuela

Amante de la escritura, la educación, la tecnología y su impacto positivo para extender el reino de Dios. Un poco de locutor y otro poco de teólogo.

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