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Nuestra lucha no es contra carne ni sangre

Puedes escuchar más sobre este tema en este episodio de nuestro podcast:

En el día a día de nuestro caminar con el Señor, muchas veces nos encontramos envueltos en situaciones difíciles que nos desgastan espiritualmente, emocionalmente, mentalmente, y a veces hasta físicamente. Puede que todos los días peleemos con personas, en el trabajo, en la casa, en la escuela y nos frustramos con problemas y pensamos que esos son nuestros verdaderos enemigos. Sin embargo, el apóstol Pablo detalla en la carta a a los Efesios, lo siguiente, en la NVI: Efesios 6:12: «Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.» Sabiendo esto, nuestra perspectiva sobre nuestras batallas diarias debería cambiar.

Como creyentes, debemos reconocer que estamos en una guerra que no se libra en el plano físico solamente, sino en el espiritual. y que tal real es el mundo físico como el espiritual.

No peleamos contra las personas

Seguramente, en alguno de los ámbitos de los que diariamente te mueves, algún conflicto con alguna persona te roba la paz, hasta te hace dudar de ti mismo o te desconecta de tu comunión con Dios. Esto es porque, aunque parezca que luchamos contra esas personas (compañeros, amigos, familia), nuestra verdadera batalla es espiritual. Es bien fácil ver a las personas como el problema, pero recordemos que el apóstol Pablo fue muy exacto: el enemigo real no es de carne y hueso. Efesios 6:12 nos recuerda que hay fuerzas espirituales detrás de esos pelitos diarios que quieren destruirnos. No luchamos con nuestros patrones o compañeros de trabajo, ni con nuestros padres o amigos; más bien, el enemigo pudiera estar usando esas situaciones y ciertas personas para romper nuestra relación con Dios y estar robándonos la paz de Cristo.

Quién es entonces nuestro verdadero enemigo

La Biblia menciona que el diablo, es nuestro adversario principal. 1 Pedro 5:8 dice: «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.» Una de las posibles ventajas que el adversario puede tener sobre nosotros, es cuando lo subestimamos, si bien es cierto, Cristo es más poderoso que ningún otro y Él nos defiende 24/7, también las escrituras nos advierten que no ignoremos sus maquinaciones. Este enemigo organiza sus fuerzas malignas, principados y potestades para oponerse a los planes de Dios. Su objetivo es engañar, dividir y destruir a los hijos de Dios  como lo dice Apocalipsis 12:10.

El engaño y la mentira

El enemigo es maestro del engaño, tan es así que en Juan 8:44, Jesús lo llama «el padre de las mentiras». Desde el principio ha utilizado mentiras para hacernos dudar de Dios, de nuestra identidad y de nuestro propósito. Pero la verdad es que Dios nunca jamás nos ha dejado. Jesús dijo: «Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32).

Las tentaciones

Ese acusador también se aprovecha de nuestras debilidades para tentarnos, hacernos ofrecimientos atractivos y hasta personalizados. Él no es omnisciente, no lo sabe todo, pero vaya que sí conoce nuestros puntos débiles, nuestro talón de Aquiles. Incluso Jesús fue tentado en el desierto, pero venció usando la Palabra de Dios (Mateo 4:1-11). Aquí está la clave: al igual que Jesús, debemos estar llenos de la palabra de Dios para resistir las tentaciones que nos llegan diariamente.

Acusaciones y Condenación

¿Alguna vez te has sentido terriblemente atrapado en la culpa, recordando esos dolorosos errores pasados? El diablo es descrito en Apocalipsis 12:10 como «el acusador de los hermanos», que siempre intenta recordarnos nuestros fallos, nuestras vergüenzas y hacernos sentir indignos del amor de Dios. Sin embargo, en Cristo, tenemos esta gloriosa promera «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1). Tú ya no estás definido por tus fracasos, sino por la victoria de Jesús. La Biblia dice que Él toma esos pecados y los arroja al fondo de la mar y no se acuerda más de ellos.

Nuestras armas de batalla

Estas luchas en el camino de Dios, nos podrían derribar por tiempo indefinido, como muchos de nuestros hermanos que un día militaron pero que por diversas situaciones hoy ya no están con nosotros, nosotros pudiéramos caer en lo mismo pero Dios no nos ha dejado sin herramientas para luchar, y si aprendemos a utilizar, nuestra victoria está garantizada. En Efesios 6:10-18, Pablo describe una armadura espiritual que necesitamos vestir cada día de nuestras vidas para resistir los ataques del adversario.

El Cinturón de la Verdad (Efesios 6:14)
La verdad es nuestra primera línea de defensa contra cualquier enemigo que se levante. Cuando conocemos la verdad de Dios y la mantenemos en el centro de nuestras vidas, no caemos en las mentiras del enemigo. Jesús es la verdad (Juan 14:6), y la biblia dice que conoceremos esa verdad y nos hará libres (Juan 8:32).

La Coraza de Justicia (Efesios 6:14)
Esta justicia de la que habla este pasaje, no es nuestra propia justicia, sino la justicia de Cristo. Satanás intentará como siempre, acusarte, pero la coraza de justicia protege tu corazón de la culpa y la vergüenza del pasado. Ahora somos justos delante de Dios por lo que Cristo hizo en la cruz por toda la humanidad, no por lo que tú hayas hecho.

El Calzado del Evangelio de la Paz (Efesios 6:15)
El evangelio nos trae paz. Incluso en medio de la tormenta, cuando caminamos en la verdad del evangelio, avanzamos con seguridad, con plena confianza que quien nos llamó nos va respaldar. La paz de Dios nos da estabilidad, sin importar lo que el enemigo nos arroje enfrente, Él como poderoso gigante va al frente de nosotros.

El Escudo de la Fe (Efesios 6:16)
La Biblia dice que el escudo de la fe es nuestra defensa contra los dardos de fuego del maligno: pensamientos de duda, tentación o miedo. Con fe, podemos apagar esos dardos para que cuando intenten llegar a nuestra mente no tengan efecto alguno. Cuando creemos en las promesas de Dios, tenemos la fortaleza para resistir toda asechanza.

El Casco de la Salvación (Efesios 6:17)
El casco protege tu mente. Cuando nos llega la revelación de que somos salvos por gracia cambia nuestra forma de pensar. El enemigo quiere que dudes de tu salvación, que no tengas la certeza de que tu nombre está en el libro de la vida pero tú puedes confiar en que tu salvación está asegurada en la persona de Cristo.

La Espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17)
Es la única arma ofensiva que la Biblia declara. La Hermosa palabra de Dios tiene poder para derrotar al enemigo. Así como Jesús usó las Escrituras para resistir a Satanás en el desierto, nosotros también debemos conocer y declarar la Palabra. hay más de 3,565 promesas en la escritura, listas para acordarnos de ellos en esos momentos de ataques del enemigo.

Oración en el Espíritu (Efesios 6:18)
La oración nos conecta con Dios, nuestra fuente de fortaleza. Orar en el Espíritu nos mantendrá siempre alertas y enfocados en el propósito de Dios. No dejes que el enemigo te aleje de una vida de oración, pues esa será la clave para pelear en la intimidad, de rodillas es que se libran nuestras mejores batallas, pues recuerda que nuestra lucha no es contra carne ni sangre.

Cómo Ganar en la Batalla Espiritual

Conoce tus Armas
Debemos no solo saber que existen, sino usarlas de manera efectiva. La armadura no es algo simbólico, tampoco un cuento, es real y efectiva cuando la ponemos en práctica, respaldada por una vida de comunión con Dios.

Mantente Vigilante y Sobrio
1 Pedro 5:8 nos llama a estar alertas, reconociendo que estamos en guerra. El enemigo no descansa, así que debemos estar espiritualmente despiertos, nunca le dejes una ventana abierta al enemigo, con un pequeño espacio vacío que encuentre, intentará colarse y hacer muchos estragos en tu vida, familia y ministerio.

Permanece Firme en Cristo
Nuestra victoria no depende de nuestras fuerzas, sino de lo que el Señor Jesús ya hizo en aquella cruz. Romanos 8:37 dice: «Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.» En él estamos seguros.

En Cristo tenemos la victoria asegurada.

Las batallas espirituales son más reales de lo que tú puedes imaginar, pero no tienes por qué enfrentarlas con miedo. Al contrario, seamos valientes porque el que está con nosotros es más grande que el que está en el mundo. Cristo ya ha vencido, y en Él, tú también puedes vencer toda batalla que se aproxime a tu vida. Con las armas espirituales que Dios nos ha dado, y una vida de fe, oración, y volviéndote un amante de su presencia, puedes resistir los ataques del adversario y caminar en la victoria que Jesús ya ganó en la cruz. ¡Mantente firme, porque en Cristo, somos más que vencedores!

William Velázquez Valenzuela

Amante de la escritura, la educación, la tecnología y su impacto positivo para extender el reino de Dios. Un poco de locutor y otro poco de teólogo.

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