Viendo la gloria de Dios

El Verbo Encarnado
«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.» (Juan 1:14). Este versículo nos introduce al misterio profundo de la encarnación de Cristo, donde la divinidad se encontró con la humanidad, mostrándonos la gloria de Dios en su máxima expresión.
Fe en la Prueba: El Ejemplo de Marta
Marta, en Juan 11:40, aprende que la fe no es simplemente creer en tiempos de calma, sino confiar en Dios para ver su gloria aún en los momentos más oscuros. Jesús le asegura, «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». Esta invitación es para nosotros también; la fe es la llave que desbloquea nuestra visión espiritual para reconocer la gloria divina en nuestras vidas.
La Visión Inquebrantable de Esteban
Esteban, al enfrentar la muerte, tuvo una visión extraordinaria: «lleno del Espíritu Santo, miró al cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios» (Hechos 7:55-56). Su experiencia subraya que, en los momentos de máxima adversidad, podemos tener una percepción más clara de la realidad divina.
Protección Divina: El Cuarto Hombre en el Fuego
En Daniel 3:24-25, la fe de Sadrac, Mesac y Abednego los lleva a experimentar la gloria de Dios de una manera tangible. Apareciendo un cuarto hombre, «semejante al hijo de los dioses», en el horno ardiente, Dios revela su gloria como protector y salvador en medio del fuego.
Revelaciones Personales: Job y Moisés
La historia de Job (42:5) nos enseña que a través del sufrimiento y la pérdida podemos llegar a una comprensión más profunda de Dios, pasando de un conocimiento superficial a una visión personal. Similarmente, Moisés en el Monte Sinaí (Éxodo 33:18-23) pide ver la gloria de Dios, enseñándonos sobre el deseo de conocer a Dios más íntimamente.
El Llamado de Isaías
La experiencia de Isaías (Isaías 6:1-8) nos muestra cómo una visión de la santidad y la gloria de Dios puede transformarnos, llevándonos de una condición de pecado y temor a un llamado profético y un ministerio renovado.
Transformación en Patmos: El Apóstol Juan
El exilio de Juan en Patmos (Apocalipsis 1:12-17) se convierte en un escenario para una revelación divina. A pesar de la adversidad, Juan es testigo de la majestuosidad de Cristo, recordándonos que la gloria de Dios puede revelarse en cualquier circunstancia.
Conclusión: La Promesa Cumplida a Simeón
La espera de Simeón (Lucas 2:25-32) se cumple al encontrarse con Jesús, enfatizando la promesa de que los fieles experimentarán la gloria de Dios. Como Simeón, se nos invita a vivir con una expectativa activa de encontrar a Dios en todos los aspectos de nuestras vidas.
Aplicación Práctica
Animemos a nuestros jóvenes a vivir con fe y expectativa, enseñándoles a buscar y reconocer la gloria de Dios en cada momento, especialmente en los desafíos. Como ellos, podemos aprender a ver más allá de las circunstancias y encontrar la mano de Dios obrando en nuestras vidas.




