Volviendo a la flama del Espíritu Santo

Cada uno de nosotros posee una llama única del Espíritu Santo, una llama divina sobre nuestra cabeza que lleva nuestro nombre inscrito en ella. Esta flama no es como ninguna otra, ya que refleja nuestra singularidad en Cristo. Así como cada creyente es diferente en dones, carácter, personalidad y talentos, la unción del Espíritu Santo también se manifiesta de maneras diversas y personales en nuestras vidas. Ninguna flama es igual, porque Dios nos ha creado y llamado a cada uno con un propósito específico y especial. Es en esta diversidad que encontramos la belleza de la obra del Espíritu Santo, uniendo nuestras llamas individuales para formar una poderosa llama.
I. Bautismo en Agua: Un Acto de Obediencia y Compromiso
¿Qué significa?
El bautismo en agua es más que un simple rito; es una poderosa representación de nuestra unión con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. En Mateo 28:19, Jesús comisiona a sus discípulos diciendo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Este mandato destaca la importancia del bautismo como un acto de obediencia que simboliza la limpieza del pecado y el nacimiento a una nueva vida en Cristo, tal como se ilustra en la historia de Felipe y el eunuco (Hechos 8:36-38).
Confesión Pública de Fe
El bautismo en agua también es una declaración pública de nuestra fe y compromiso con Dios. Efesios 4:4-5 resalta la unidad que el bautismo trae: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo.” Este acto público no solo nos identifica con Cristo, sino que también nos une a su cuerpo.
II. Bautismo en el Espíritu Santo
Diferencias con el Bautismo en Agua
Mientras que el bautismo en agua es un acto de obediencia y testimonio público, el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia de poder y llenura. Juan el Bautista, en Lucas 3:16, lo explica claramente: “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Este bautismo nos capacita para vivir una vida cristiana gloriosa, victoriosa y fructífera.
La Promesa del Padre
Jesús prometió a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo, una promesa que se cumple en Hechos 1:4: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.” Esta promesa de poder es reafirmada en Lucas 24:49: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”
III. Contexto Cultural de la palabra «Bautizo»
Proviene de la palabra griega «baptizo» ofrece un rico trasfondo cultural que profundiza nuestra comprensión del bautismo:
- Ritos y Purificaciones: En la cultura judía, las inmersiones rituales (mikvah) eran comunes y significaban una limpieza espiritual o física.
- Limpieza y Purificación: También describía el acto de lavar o limpiar objetos y utensilios, como sumergir platos en agua para limpiarlos.
- Textiles: En el mundo antiguo, «baptizo» se usaba para describir el proceso de sumergir telas en tintes, asegurando que el color impregnara completamente la tela, cambiando su apariencia de manera permanente. la tela una vez teñida no había forma de regresarla a su estado original
IV. Los Síntomas de una Vida Sin el Bautismo en el Espíritu Santo
Falta de Poder y Autoridad
Sin el bautismo en el Espíritu Santo, podemos estar espiritualmente adormecidos y sin la autoridad para enfrentar los desafíos de nuestras vidas. Todo problema existente nos consumiría, caeríamos en la derrota, tristeza, amargura de espíritu por cuánto no estamos llenos del Espíritu Santo, nuestro vaso se llena de otras cosas y no permite que lo divino caiga en nuestro interior, pero cuando estamos llenos de Él, ¿Quién nos podrá hacer frente?, no habrá problema lo suficientemente grande como para robar nuestra fe, estaríamos tan llenos que reaccionaríamos de forma distinta, un verdadero testigo del poder de Dios está plenamente confiando en que ese Dios que ama lo ha de sacar de cualquier situación. 1 Corintios 4:20 nos recuerda: “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” Pablo también habla de la importancia del poder del Espíritu en 1 Corintios 2:4-5: “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder.”
Necesidad Urgente de Revestimiento
Muchos cristianos se conforman con solo nacer de nuevo, pero hay algo más, un regalo que necesitamos desesperadamente: la llenura del Espíritu Santo. Marcos 16:17-18 promete señales poderosas que seguirán a los que creen: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” La promesa de ese glorioso Espíritu Santo no quedó solamente en el pasado, es para todos nosotros, para todos los que el Señor llamare.
V. Cómo Volver a Ese Fuego Santo
Despertando Nuestros Espíritus Dormidos
Para volver al fuego del Espíritu Santo, necesitamos despertar nuestros espíritus dormidos y buscar fervientemente Su presencia. Hageo 1:14 narra cómo Dios despertó el espíritu del pueblo para que trabajaran en Su casa. Así también, debemos permitir que el Espíritu Santo despierte nuestro espíritu, volviendo a una vida de oración ferviente y hambre por Su presencia. Los primeros que debemos sumergirnos a las profundidades del Río del Espíritu de Dios, somos los líderes, los que ministramos, aquellos que tenemos el alto privilegio de enseñar, predicar, tocar un instrumento, los que conducimos al pueblo hacia la presencia se Dios.
La Autoridad en el Espíritu Santo
Ser llenos del Espíritu Santo nos da la autoridad para enfrentar las batallas de nuestras vidas. Lucas 4:1-2 nos muestra a Jesús, lleno del Espíritu, enfrentando y venciendo al diablo durante su tentación en el desierto. Con la autoridad del Espíritu Santo, estamos equipados para pelear por nuestras familias y nuestras vidas, asegurando la victoria en Cristo.
La historia de la creación en Génesis 1:1-3 nos dice que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, no sabemos exactamente cuánto tiempo puedo estar haciendo esto, quizá fueron 7 días, 7000 años o 5 millones de años. Estuvo solo moviéndose, hasta que existió una palabra del Padre: «… y dijo Dios: Sea la luz…» fue en ese momento cuando comenzó el accionar del Espíritu Santo. Él se mueve todo el tiempo en nuestros cultos, se mueve con poder, solo hace falta que el Padre de gloria de una orden para que su Espíritu comience su accionar en nuestras iglesias, vidas, familia y ministerio.
Hoy Dios nos llama nuevamente a volver al Espíritu Santo, a esa flama que no se apaga. No nos conformemos con solo nacer de nuevo; anhelemos el poder del bautismo en el Espíritu Santo. Juan el Bautista predicó un evangelio de arrepentimiento, pero Jesús predicó un evangelio de poder. ¿Cuál es la diferencia? El poder del Espíritu Santo. Volvamos a esa llama, despertemos nuestros espíritus y permitamos que el fuego de Dios arda con todo su poder en nuestras vidas.




