Superación

La Dependencia Emocional

Puedes escuchar nuestro episodio del podcast, estamos en todas las plataformas digitales:

Seguramente ya conocemos la parábola del Hijo Pródigo en Lucas 15:11-24. Pero no vamos a hablar de que ese hijo que se fue lejos y malgastó toda su herencia y si se merecía o no que su padre lo recibiera como un trabajador más. Quisiera centrarme en la labor del padre, que fue devolverle la dignidad a su hijo.

Yo creo que todos, en algún momento de nuestra vida hemos pasado, en menor o en mayor grado, por lo que vamos a platicar. ¿has sentido que das y das en una relación, ya sea de amistad, noviazgo, o incluso familiar, y reciben apenas una migaja de atención, una mínima señal de afecto que hasta parece obligada? Como si vaciáramos nuestro tanque emocional a cada rato, esperando que la otra persona lo llene, pero solo nos llegan unas cuantas gotitas, si acaso, de atención o de cariño.

Dios no nos llamó a vivir como migajeros. ¡Nos llamó a ser hijos y sentarnos a su mesa, donde no hay migajas, hay banquetes!

La dependencia emocional es un más que un simple apego, es una necesidad fuerte, pero tan fuerte a otra persona que tu propia identidad, tu valor y tu bienestar dependen enteramente de cómo te trate o cómo se sienta esa persona contigo. Si esa otra persona está feliz, tú estás bien; pero si ella o él está molesto, tu día se desmorona.

Piensa si alguna de estas señales claras te suena:

  • No puedes sentirte bien si esa persona no está bien contigo, ¡es como si tu felicidad fuera un reflejo de la de ella!
  • Sientes esa ansiedad que te aprieta el pecho si no te contesta un mensaje rápido o no te llama.
  • Llegas a humillarte o a pasar por encima de tu dignidad con tal de no perder a esa persona.
  • Justificas cada error, cada mala actitud, con tal de no quedarte solo o sola. «Es que en el fondo me quiere», «Está pasando por un mal momento», te repites una y otra vez.
  • Idealizas a alguien que, seamos sinceros, te ignora, te lastima o te usa. Lo ves como si fuera un príncipe o una princesa encantada, cuando en realidad, solo te está dando espejitos de colores.

En Jeremías 2:13 dice: «Mi pueblo ha cometido dos males: me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas rotas que no retienen agua.» Es lo que sucede en ese tipo de situaciones, dejamos la verdadera y genuina fuente de agua de vida eterna para buscar llenarnos en relaciones rotas que, como una cisterna rota, como dice el profeta Jeremías ¡nunca retienen nada!

Si tenemos un Padre que lo tiene todo, porqué entonces nos conformamos con las migajas que el mundo o ciertas personas nos dan? Hay varias razones, según los expertos en estos temas:

  1. La Baja Autoestima: A veces, en lo más íntimo de nuestro ser, creemos que no merecemos algo mejor. Pensamos: «Esto es lo que me toca», o «Nadie más me va a querer». Si ella o el me dejan ya nadie se va fijare en mí. Pero la Biblia nos dice en Salmo 139:14: «¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!» ¡Eres una obra maestra! Dios no se equivocó al crearte es algo único, para nada eres un accidente
  2. Heridas del Pasado: Quizás tuviste padres ausentes, o viviste el rechazo, el abandono, o heridas emocionales que nunca sanaron. Esos vacíos se convierten en una especie de imanes que atraen relaciones donde buscamos desesperadamente llenar lo que nos faltó. Salmo 27:10: «Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá.» Dios es tu Padre perfecto, Él siempre está ahí para sanar esas heridas, una vez que hemos sido sellado con su Espíritu Santo ya jamás estamos solos.
  3. El Miedo a la Soledad: Yo creo que es un miedo que muchos tenemos, el quedarnos solos, por eso preferimos estar «mal acompañados» que solos. Tenemos miedo a que en medio de la soledad pues nos veamos obligados a confrontarnos con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, con nuestras debilidades. Y eso nos da miedo. Pero el Señor dice en Isaías 41:10: «No temas, porque yo estoy contigo…» Una vez más te digo, Tú no estás solo, jamás lo vas a estar si tienes a Cristo en tu corazón.

¿Cual es el camino a la libertad entonces?

  1. Reconoce que Tienes un Problema: Juan 8:32 nos dice: «Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» Lo que no reconoces, lo que escondes, y lo que escondes no lo vas a poder sanar.
  2. Restablece Tu Identidad en Dios: Tú eres hijo de Dios,  ¡Ya no andes mendingando lo que ya te pertenece por heredas!
  3. Rompe con la Relación tóxica: Esta es la parte más difícil, el contacto cero, como le llaman. Debes hacerlo para proteger tu corazón. Proverbios 4:23 nos dice: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.»
  4. Llénate del Amor Inagotable de Cristo: Una vez que empiezas a vaciarte de lo tóxico, necesitas llenarte de lo verdadero. Y el amor de Cristo es el único que satisface completamente.

¿te has conformado con las migajas de alguien, ¡Ya es hora de que despiertes! y digas como el hijo pródigo: En casa de mi padre hay abundancia de pan. No eres un esclavo mendigando ¡Eres un hijo, con un lugar reservado en la mesa del Rey, donde hay de todo y sin medida!

William Velázquez Valenzuela

Amante de la escritura, la educación, la tecnología y su impacto positivo para extender el reino de Dios. Un poco de locutor y otro poco de teólogo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 × 2 =

Botón volver arriba