Vida en Cristo

Despertando nuestra pasión por Dios

La pasión es la atención desmedida que sentimos hacia algo o alguien, es una devoción que no conoce de límites ni fronteras, es el combustible que hace funcionar nuestras vidas. David, el dulce cantor de Israel, el hombre conforme al corazón de Dios, fue un hombre apasionado, alguien que amaba a Dios con todo su corazón, un amante de su presencia, amaba a su Dios con toda su alma, con todas sus fuerzas. Su amor no era superficial ni condicionado; aun cuando era un hombre imperfecto, siempre dejó ver y sentir su pasión desbordante por Dios.

Jesús, después de su resurrección, se encontró con dos de sus discípulos en el camino a Emaús. Durante ese recorrido, Él les explicó cómo todas las Escrituras, desde Moisés hasta los profetas, hablaban de Él. Este momento no solo reveló a Jesús como el cumplimiento de todas las profecías, sino que también encendió un fuego en el corazón de esos dos discípulos que escuchaban. Ese fuego es la pasión, una pasión que nace de escuchar sus palabras.

El apóstol Pablo le dijo a Timoteo que no descuidara el fuego del don de Dios que había en él (1 Timoteo 4:14) Pero tiempo después ahora lo exhorta a que avivara el fuego del don de Dios que estaba en él (2 Timoteo 1:6). Esto nos hace pensar que Timoteo indudablemente descuido el fuego, su pasión se apagó, siguió ministrando en la obra pero sin pasión alguna, quizá actuando de forma mecánica como mucho pueblo hoy en día. Por eso Pablo para remediar esta situación le induce a «avivar» su fuego personal, esta palabra es utilizada para describir al acto de dar vida a algo que ya está muriendo.

Nehemías fue un hombre que dejó la comodidad de su trabajo como copero del Rey en Babilonia para ir a restaurar los muros de Jerusalén, una ciudad donde no había nacido, pero que era la tierra del Dios de sus padres y de la que tanto había él escuchado, fue impulsado por una pasión ardiente por la gloria de Dios y la restauración de ese pueblo.

La pasión que debemos tener en nuestra iglesia local

  • Músicos: Toca con pasión, como si estuvieras adorando frente al mismo trono de Dios. Que cada acorde y cada nota refleje tu amor por Él. Se requiere esfuerzo, no se puede pasar años con los mismos acordes o técnicas vocales, la pasión también te hace prepararte mejor.
  • Cuando diriges un culto: Dirige con pasión, con la misma intensidad que si fuera la última oportunidad de hacerlo. Cuando te enteres que vas a dirigir, entra en oración y ayuno.
  • Intercesores: Ora con todo tu ser, como si la necesidad fuera personal, como si estuvieras intercediendo por tu propia familia.
  • Predicadores: Predica como si estuvieras ante una multitud de miles, con la certeza de que Dios está usando tus palabras para cambiar vidas.
  • Panderistas: Dancen con gozo, con una sonrisa que refleje la alegría del Señor en sus corazones. Ustedes son el reflejo del gozo, júbilo, la algarabía en la iglesia, ¡que se note para quién están danzando!
  • Limpieza en la iglesia: Cuando sea tu turno de limpiar el templo, hazlo con un espíritu de adoración, haciendo de la casa de Dios un lugar digno de Su presencia, que ese templo quede más limpio que nunca.

Los dos caminantes en el camino a Emaús sintieron sus corazones arder en pasión cuando Jesús les habló y les explicó las Escrituras. Esa pasión es la que necesitamos en nuestras vidas hoy. Un corazón apasionado es uno que arde por Dios, que no se conforma con lo mundano, sino que busca constantemente su presencia. Si hemos perdido nuestra pasión, es hora de pedirle a Dios que la avive nuevamente en nosotros, porque sin pasión, nuestros sueños se apagan y nuestra visión se desvanece. Pero con la pasión de Cristo, nada es imposible.

Pidamos al Señor que avive el fuego en nuestros corazones. Que nuestra pasión por Él nunca se apague, sino que arda cada día más fuerte, que seamos transformados y nos convirtamos en amantes de su presencia.

Mensaje predicado el 01 de septiembre de 2024

Puedes escuchar este devocional en este episodio de nuestro podcast:

William Velázquez Valenzuela

Amante de la escritura, la educación, la tecnología y su impacto positivo para extender el reino de Dios. Un poco de locutor y otro poco de teólogo.

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