El peligro de la excesiva confianza

Jueces 18:7-10
La tribu de Dan había recibido una pequeña porción de tierra, pero no se conformaba con lo que tenía y decidió buscar más territorio. En aquel tiempo, para poder poseer una tierra ocupada por otros, era necesario pelear y tomar posesión.
Si leemos la historia, veremos que enviaron cinco hombres valientes para explorar y reconocer un territorio. Antes de partir, consultaron con un sacerdote, pues en aquellos días no había rey en Israel. Estos hombres llegaron a la casa de Micaías, donde habitaba un levita, y le preguntaron quién lo había enviado. Él les respondió: “Micaías me ha tomado para que sea su sacerdote.” Entonces, los cinco hombres le consultaron al sacerdote, y él les dijo: “Vayan, exploren, porque Dios está con ustedes.”
Estos cinco exploradores llegaron a una ciudad cuyo nombre significa «león» y observaron que la gente que allí habitaba tenía tres características: eran seguros, confiados y ociosos.
Era una ciudad sumamente relajada, sin murallas de protección. En esos tiempos, un pueblo sin murallas estaba completamente expuesto, pues el enemigo podía entrar por cualquier parte. Los exploradores concluyeron: «Esta gente es fácil de conquistar porque viven en la ociosidad y confían en que nada les pasará.»
Dios nos habla a través de esta historia
«Mirad, velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa.» (Marcos 13:33-37)
Nosotros debemos estar velando, no durmiendo, porque somos conscientes de que este mundo está agonizando. Este pueblo fue destruido por la tribu de Dan porque bajaron la guardia (Jueces 18:27).
¿Qué podemos aprender de esta historia?
1.- Un pueblo confiado y aislado
Este era un pueblo despreocupado, creían que nada les pasaría. En la versión Reina Valera 1960 se les describe como «seguros», la NVI dice «confiados en sí mismos», y la versión Septuaginta los presenta como «sentados en confianza». Se creían intocables, pensaban que ya habían ganado y que nadie los molestaría.
Pero esa no debe ser la mentalidad de un cristiano. No podemos vivir diciendo: “Estoy tranquilo, no tengo nada que pelear.”
Este pueblo también estaba aislado del resto de las ciudades. Amados, nosotros debemos procurar el compañerismo. Hay personas que intentan pelear sus batallas solas, pero debemos recordar que somos un pueblo unido y nos necesitamos mutuamente.
En la iglesia debe existir confianza. Cuando alguien está pasando por una necesidad, debe acercarse a un hermano o a un líder y sentirse respaldado. No cometamos el error de aislarnos.
Además, tenemos la responsabilidad de orar unos por otros. Como pastor, necesito saber la condición de cada uno de ustedes: si están enfermos, si están bien, si no vinieron al culto. La rendición de cuentas es un principio bíblico.
Este pueblo estaba sin murallas, totalmente desprotegido. Bajaron la guardia y fueron destruidos. Nosotros no podemos descuidarnos ni estar desprevenidos, porque el enemigo no respeta nada. El adversario se mete hasta la cocina y destruye todo.
Por eso, la Biblia dice: “Velad y orad” (Mateo 26:41). Eso significa estar en constante oración. Mientras sus hijos duermen, únjalos con aceite y clámele a Dios por su protección. No le entregue al enemigo los tesoros que Dios le ha dado.
2.- Trabajar en la obra, pero también prepararse espiritualmente
Cuando Gedeón perseguía a los reyes madianitas, atacó el campamento y los destruyó porque el ejército no estaba en guardia (Jueces 8:11).
Cuando Nehemías estaba reconstruyendo los muros, se levantaron tres enemigos poderosos (Nehemías 2:19), pero él acudió al Dueño de la obra y pidió una estrategia. Nehemías dijo:
«De ahora en adelante, trabajaremos con una mano y con la otra empuñaremos la espada.» (Nehemías 4:17)
Si el enemigo venía, estaban preparados para contraatacar.
Hermanos, no estamos en un club social para relajarnos. Estamos en una iglesia que recibe constantes ataques del enemigo. El diablo lo está esperando afuera del culto para ponerle trabas en su familia, en su trabajo y en su vida espiritual.
Aquí no podemos relajarnos. No hay vacaciones espirituales. No puede decir: «Pastor, me voy tres meses al mundo, luego regreso.» No sé si podrá regresar. Tal vez el diablo le ponga una zancadilla, caiga y ya no se pueda levantar.
He visto amigos pastores que se confiaron y descuidaron su vida espiritual. El enemigo los atacó y hasta el día de hoy no han podido levantarse.
«Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.» (1 Corintios 10:12)
Esta batalla no ha terminado todavía. La guerra continúa hasta que usted esté en un ataúd. Mientras tenga vida, debe estar alerta para no darle lugar al diablo, porque si le abre una ventana, él la aprovechará.
3.- Un pueblo inactivo
El mensaje a la última iglesia en Apocalipsis fue para una congregación que pensaba que lo tenía todo. Decían no tener necesidad de nada. Pero Dios les dijo:
«Tú dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad.’ Pero no te das cuenta de que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» (Apocalipsis 3:17)
Muchas personas no reconocen su necesidad espiritual. Se acercan a ellos para ayudarlos y dicen: «Estoy bien, no necesito nada.» Pero en realidad, están torcidos y no quieren aceptar ayuda.
Para orar, no necesita estar en una posición especial. Aun en la enfermedad, puede orar. Aun postrado, puede orar. La única forma en que no puede orar es si está muerto.
Piense en esto: Puede ver una película en Netflix por dos horas y no se duerme, pero apenas abre la Biblia o empieza a orar y el sueño le vence.
La vida espiritual profunda no surge de la noche a la mañana. No es como si hoy decide orar y ya se vuelve espiritual. Esto es una batalla diaria.
El enemigo quiere destruirlo, ver su familia en ruinas, su negocio fracasado. Pero el mensaje de hoy es claro:
¡No te confíes!
En estos tiempos, ya no podemos confiarnos. Antes, la gente dejaba su bicicleta afuera y no pasaba nada. Hoy, si nos descuidamos, nos roban todo.
Mire el caso del rey David. Por andar ocioso, pecó. Le falló a Dios porque no fue a la guerra cuando debía estar en el frente (2 Samuel 11:1-2).
Debemos ser fuertes, armados y peligrosos. Que el mismo infierno tiemble cuando el pueblo de Dios busca su presencia.
«Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del hombre falto de entendimiento. Y vi que por toda ella habían crecido espinos, ortigas cubrían su faz y su cerca de piedra estaba en ruinas.» (Proverbios 24:30-34)
«Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.» (Romanos 12:11-12)
«Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así el Señor está alrededor de su pueblo, desde ahora y para siempre.» (Salmos 125:2)




